LA ÚLTIMA BATALLA EN EL MAR DEL OLVIDO. CARTA # 1. EL DÍA DE TU LLEGADA.

 


Hola mamita espero que todo en el día de hoy te haya salido bien. Hoy vinieron a mi mente,  recuerdos del día que llegaste a nuestras vidas. Sabes lo difícil que fue para mí asimilar todo. Pese a que cuando tú llegaste yo era un navegante con el grado de Teniente de Fragata en la Armada, todo joven y aguerrido, donde aún recuerdo los sentimientos encontrados al saber que  iban a internar a tu mamá sin previo aviso. Tu mami fue por un chequeo antes de la fecha prevista y terminaron dejándola internada para la cesárea. 

Yo, que me encontraba en la base en ese tiempo en el Tanquero "Atahaulpa", nunca olvidé ese sentimiento que vino a mi mente con la llamada de tu mami. Hijita bella, para ese tiempo no había las bondades de la tecnología que disfrutamos ahora, todo era por llamadas y mensajes de texto, las redes sociales aún no despegaban y apenas había cámaras digitales. Mamita no se como describir el momento de la llamada aquella mañana luego de la formación, yo vestido de blanco, contra viento y marea  tenía que ir de urgencia a APROFE a ver a tu mami. 

Hijita bella,  en esos momentos todo se me cruzaba por mi mente, y en medio del caos del saber que me iba de urgencia, como Oficial al mando de la tripulación, era necesario poner orden y dejar las cosas claras. Al final de unos minutos y luego de recoger mis cosas, pude dar mi última orden: "Hagan lo que les de la gana" y me salí sin mirar atrás. Mamita recuerda que nunca tuve un carro, y el que me dejó mi papi que ya tenía dos años de fallecido, ya  estaba vendido. Al salir a pie no tuve más opción que ir llamando a toda la familia, muchos de los cuales ya han dejado este mundo, para decirles que nacías.

Tal vez no lo sepas, pero como primera nieta de toda la familia, tu eras el centro de atención de todos. En cuestión de minutos, todos ya sabían donde tenían que ir. Mamita bella una lección te dejo, no hay nada que se oponga a la voluntad, esa es la frase de los gloriosos Infantes de Marina, lugar donde años después estaría. Es decir mamita bella, que uno cuando quiere algo o ama algo, deja todo por cumplir lo que tiene que hacer, aún así se venga el mundo en tu contra. 

Hijita, al salir de la base en taxi, sudado, caminando desde el fondo de la Base Naval Sur, ya no había tiempo para ir a la casa a cambiarme, ni mucho menos  a ir preguntar algo a la Pradera donde vive tu mami. Como buen Oficial y preparado para el combate sabía que no había tiempo. Al llegar en menos de 30 minutos, muchos sentimientos pasaban por mi mente y a su vez esta se había apagado de la impresión de que vendrías; ya no estarías más en la barriga de tu mami que siempre tocaba. 

Al ser mi primera experiencia de ser papá no sabía que  hablar, no le dije nada al taxista sino que me llevara lo más rápido a APROFE. Mis pensamientos eran nulos, hijita bella nadie nos prepara para ese momento, y sólo quiero que sepas que para ese entonces mi vida cambiaría por completo, donde previo a tu llegada a este mundo ya había empezado a hacer cosas que nunca en mi vida dije que pasarían: el empezar a desaparecer papeles y muchas cosas en la casa de tu abuelita Toya para hacer espacio para ti, fueras o no a vivir en casa de ella. Nunca boto nada, los recuerdos son recuerdos y para mí  son invaluables e intocables, pero  al hacer eso días antes, quiero que sepas lo mucho que estaba dispuesto  a sacrificar por ti. 

Al llegar, al preguntar en recepción, uniformado de blanco, no tenia ni idea que había que hacer después, aquí no había entrenamiento, ni hojas de ruta, ni planificación que valga. Creo que en el mundo planificar una familia es una de las mentiras más grandes, nadie nos ha preparado para ser papás, aún si te sentaran tus abuelos o amigos que ya lo son a darte mil consejos, uno nunca sabría que hacer cuando sucedan las cosas; hijita bella  los tiempos cambian y las situaciones también. Sin embargo ahí estaba. 

Toda tu familia estaba ahí, tus tías, tus tíos, mis tíos mi mami, todos habían llegado y los que faltaban en pocos minutos. Tu tia Nelly, siempre preocupada, me decía mil cosas a las cuales no les prestaba atención. Tu abuelita que era para ese tiempo enfermera ya había contactado con las enfermeras en la clínica para que dieran información de ti. Un poco después del medio día la gran noticia, tu estabas saliendo, nunca podré decirte que pensé, pero con una cámara digital en mis manos, pude tomar tus primeras fotos tuyas en este mundo y ver la alegría de todos al verte. Eras nuestra héroe, nuestra artista, nuestra gran alegría, todos lloraron por ti, y pude entrar a verte a tomarte tus primeras fotos tal y como lo hace un recién nacido. Todas las atenciones siempre fueron para ti. 

Pero no todo era tranquilidad, luego de las fotos y sentimientos encontrados y ese gran silencio al verte, así como mi pocos gestos que hice, puesto que como te habrás dado cuenta nunca demuestro emociones, me llamaron para decirme que tu mami estaba delicada. Sabes hijita que eso fue el contraste de la celebración, no sabía que hacer ni decir. 

Hijita bella, ahora estabas con nosotros, luego que te asearan y te vistieron pude verte por fin tras una ventana, mi hija mi primera hija estaba ahí, mi mente vacía y sorprendida sabía que ahora había un legado y muchas cosas que hizo por mí tus abuelitos paternos, tenían un  motivo de poner en práctica: familia es familia, de donde sea darles todo y nunca faltar a los hijos. Tu abuelito Ricardo siempre tenía una frase: "Un día les diré lo que hice por ustedes". Al partir en abril de 2005 nunca lo reveló, sin embargo el tiempo me daría la oportunidad de hacer lo mismo, y pensar siempre en la lección que dejaría para ti con esta carta.

Tu mami salío en la tarde a eso de  la una y media de aquel 20 de agosto de 2007, todos entramos al cuarto con ella, y pudimos verte por primera vez con ella, tu mami lloró, llegaron tus abuelos y tíos maternos, y todo fue felicidad. Hijita tu llegada marcó un hito, un comienzo, una nueva esperanza, atrás se quedaba mi infancia, mis tristezas y mis pocas alegrías, sabes muy bien que nunca tuve amigos, y que siempre me fue  muy difícil hacer amigos, sólo tu familia sabía y al final de cuentas eran los únicos que importaban. 

Tu eras mi nueva luz y mi único motivo de lucha, la Armada del Ecuador y mis ideales que eran lo que tanto buscaba quedaban a un lado, y para ese tiempo que estaba ya en primer año de universidad con tu mami, vino a mi mente que la lección que nos da la vida es que todo esfuerzo es para los hijos, y que algún momento todo los sacrificios  son para ellos. Ahora estudiar ya no era parte de mi ego, sino prepararme para ser alguien y darte todo lo que necesites para ser feliz en tu vida. Al final ya tenía 28 años,  y  mi infancia y adoslescencia solitaria nunca regresarían para ser corregidas.

Cuando naciste, mi sueldo era muy bajo, apenas 350 dólares, no alcanzaba para nada, tuve que hacer préstamos para comprar todo para tu llegada y como algún día tu mami te dijo, hace una semana había llegado de Brasil luego de un curso de un mes y medio, donde los 2000 dólares de viáticos los conservé como si fuera el último sueldo de mi vida. Tú venías en camino y había que guardar lo que más se pueda. No te cuento esto para sacarte en cara, sino que sepas que la vida es dura, pero el amor filial y la figura paterna puede todo ante todo. 

Siempre fuiste tú, y siempre serás tú mamita bella. Esa tarde me fui a cambiar y regresé para quedarme con tu mami y tu abuelita materna. Ese día me acosté  en el suelo, y estuve sin dormir peor comer, pude verte cuando lactabas y pude sentir tu presencia al cargarte por primera vez. Nunca lloré ni derramé una lágrima, no sabía que decir ni hacer. Pero estabas ahí conmigo, era hora de cuidarte y protegerte. 

Si tu abuelito Ricardo hubiese estado ahí, me imagino que habría indicado a los cuatro puntos cardinales tu llegada y hubiese tenido abajo personal para cuidarte y su carro viejo para movilizarte.

Eras el orgullo de todos quienes estuvimos ahí amor. Aún conservo las  cosas de ese día  hijita bella, con el tiempo las letras y demás cosas se fueron dañando, aunque ya no estoy contigo y no me dejas verte por redes sociales, he tomado fotos a todo como un recuerdo que espero veas  en el mundo digital, donde tengo miles de carpetas guardadas de tu vida. 

El valor de los recuerdos los da los años y los momentos, y más aún cuando el tiempo es el mejor juez, implacable y veraz. Sólo espero que cuando las veas, sepas apreciarlos; nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde reza un dicho muy popular, sin embargo yo diría que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde por el orgullo y la soberbia. 

 Desde que no estoy contigo  y antes de eso, te diste cuenta como tomaba fotos a todo y lo que botaba era con sentimiento de tristeza y desolación. Era como desaparecer tu historia o la de tu hermano, algo que nunca yo dejaría que pase. Sin embargo muchas veces hay que soltar para ser feliz, y  dar paso a lo nuevo que viene. El tiempo y la vida nos da lecciones, se aprende de las propias experiencias u ajenas. Sin embargo, sólo traté de inmortalizar todo aquello que tiene un valor ahora que el tiempo ha pasado y no estoy contigo.

Quisiera que puedas ver las fotos junto a mí y sepas todos esos sentimientos vividos ese día. Los días siguientes fueron duros y sin dormir, todo valía la pena. Un día serás mamá y ojalá le muestres esta carta a tus hijos.  Ahora ya sabes lo que pasó hijita, nunca dejes que nadie te diga lo contrario: lo mejor de tu vida siempre fuiste tú. 


Tu papi. 


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